Los votos, juramentos y dar la palabra
 

Por Luis Sagarra

En un acto solemne en Málaga, lleno de la presencia de Dios, delante de multitud de testigos, fueron ordenados al ministerio Francisco Pascual, Elías Castillo y Sergio Del Real.

Ver a estos hombres y sus esposas llenos del Espíritu pronunciar un juramento solemne ante Dios, para servirle y para ejercer el ministerio para siempre, hizo que se llenaran de fe nuestros corazones, recordándonos también a los pastores que han sido ordenados antes y que han cumplido sus votos y permanecen “al pie de cañón” y que no han huido cuando ven venir al lobo, como señala Juan 10:12 …Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas.

El juramento o votos que pronunciaron los pastores ordenados en esta ocasión, -exactamente el mismo voto que han pronunciado todos los demás pastores y ministerios ordenados antes en CVC-, fue el siguiente:

Ante Dios y en presencia de todos ustedes como testigos. Me entrego de todo corazón al servicio de Dios y al cuidado tierno de su iglesia. Prometo vivir para amar y servir a Dios, a mi familia, a mi prójimo y a mi país. Prometo entregar mi vida en defensa del evangelio y las verdades, principios y valores que emanan de las sagradas escrituras. Declaro haber sido instruido, conocer, haber estudiado, estar de acuerdo y aceptar como norma de vida personal y familiar los mandamientos bíblicos y la interpretación explicada en la declaración de fe y reglamento interno de Centro de Vida Cristiana. Prometo defender, cumplir y ser leal a todos los preceptos bíblicos y a los estatutos y reglamento interno de Centro de Vida Cristiana. Prometo obedecer y sujetarme con humildad a los pastores y líderes que corresponda durante el desempeño de mi ministerio. Prometo retener y transmitir fielmente la palabra que he recibido; sirviendo y cuidando a la iglesia que se ponga bajo mi cuidado voluntariamente, con ánimo pronto, sin deseo de ganancia deshonesta, con pureza, esforzándome y siendo un ejemplo a la grey, en amor, fe, entusiasmo, integridad y entrega, sabiendo que daré cuentas a Dios de las personas que ponga bajo mi cuidado. Prometo que para el cumplimiento de este compromiso estoy dispuesto a invertir todas mis fuerzas, cariño, talentos, recursos, el esfuerzo de mi familia, y aún mi propia vida. Al hacer estos votos, públicamente adquiero un compromiso total, completo y para siempre, plenamente consciente de la responsabilidad que ante Dios y su iglesia representan.

En tiempos como los actuales, donde “la palabra” -como se usa decir ahora- de una persona, vale muy poco, podemos reflexionar entre la diferencia de una persona íntegra y llena de honor que cumple su palabra, sus compromisos y sus juramentos a cabalidad, contrastando con aquellos que “teniendo apariencia de piedad” son capaces de pronunciar lo que sea para obtener una posición de honor que anhelan, sin embargo cuando Dios prueba sus corazones sale su verdadera esencia escondida, sale aquello de lo que realmente están hechos, bien sea un corazón lleno de honor o uno lleno de hipocresía, cobardía y deshonor.

El Señor Jesucristo mismo se pronunció diciendo: El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. –Lucas 21:33-. El dijo que honraría su palabra hasta el fin y queremos y tenemos que aprender de él. Cumplamos nuestros votos, y si alguno los ha roto, vuelvase al Señor y deje de justificarse más, buscando toda clase de argumentos y triquiñuelas que justifiquen su falta de honor.

Por un lado tenemos a los que describe el Salmo 15: Señor: ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo? El que anda en integridad y hace justicia, Y habla verdad en su corazón. El que no calumnia con su lengua, Ni hace mal a su prójimo, Ni admite reproche alguno contra su vecino. Aquel a cuyos ojos el vil es menospreciado, Pero honra a los que temen a Jehová. El que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia; Quien su dinero no dio a usura, Ni contra el inocente admitió cohecho. El que hace estas cosas, no resbalará jamás.

Y por otro lado tenemos a los que describe 2 Timoteo 3:1 También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita. Porque de éstos son los que se meten en las casas y llevan cautivas a las mujercillas cargadas de pecados, arrastradas por diversas concupiscencias. Estas siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad. Y de la manera que Janes y Jambres resistieron a Moisés, así también éstos resisten a la verdad; hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe. Mas no irán más adelante; porque su insensatez será manifiesta a todos, como también lo fue la de aquellos.

Cuando haces voto a tu Dios, no tardes en pagarlo; porque ciertamente lo demandará tu Dios de ti, y sería pecado en ti. Mas cuando te abstengas de prometer, no habrá en ti pecado. Pero lo que hubiere salido de tus labios, lo guardarás y lo cumplirás, conforme lo prometiste a tu Dios, pagando la ofrenda voluntaria que prometiste con tu boca. Deuteronomio 23:21-23

 

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